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Dos Lunas Horse Riding Lodge

Dos Lunas Horse Riding Lodge

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RP17, X5184 Ongamira, Córdoba, Argentina
Hospedaje
9.4 (8 reseñas)

Emplazado en los singulares paisajes de Ongamira, en la provincia de Córdoba, Dos Lunas Horse Riding Lodge se erigió durante años como un destino de referencia para el turismo ecuestre y el descanso. Sin embargo, es fundamental que cualquier viajero interesado en esta propuesta sepa la realidad actual del establecimiento: se encuentra cerrado de forma permanente. La propiedad fue vendida y su casco principal ha sido reconvertido en una residencia particular, por lo que ya no opera como un alojamiento en las sierras de Córdoba abierto al público. Este artículo se adentra en lo que fue Dos Lunas, analizando las características que lo convirtieron en un lugar tan apreciado y el motivo por el cual ya no es posible reservar hotel en sus instalaciones.

Una Experiencia Centrada en la Naturaleza y los Caballos

El principal atractivo de Dos Lunas, y el origen de su nombre, era su profunda conexión con el mundo de los caballos y el entorno natural que lo rodeaba. Las reseñas de quienes tuvieron la oportunidad de visitarlo son unánimes: las cabalgatas eran el punto culminante de la estadía. El lodge ofrecía múltiples paseos diarios, de entre una y cinco horas, adaptados a todos los niveles de experiencia, desde jinetes principiantes hasta los más avanzados. Los caballos, descritos como nobles y bien cuidados, permitían a los huéspedes adentrarse en valles y senderos de una belleza sobrecogedora. No se trataba simplemente de montar, sino de una inmersión completa en el paisaje rojizo y quebrado de Ongamira, un lugar con una geología y una historia muy particulares. Este enfoque lo posicionaba como un hotel rural de alta gama, donde la actividad principal estaba perfectamente integrada con el confort y el servicio.

El Legado de una Estancia Histórica

El establecimiento no era una construcción moderna, sino una auténtica estancia con más de un siglo de historia. Fundada en 1904 por una familia de origen ruso-alemán, la propiedad abarcaba unas 2300 hectáreas y funcionó durante décadas como una explotación ganadera antes de ser reconvertida en un alojamiento con encanto. Esta historia se reflejaba en su arquitectura y decoración, que combinaba un estilo de campo clásico con toques contemporáneos. Los interiores, según describen antiguas reseñas y material promocional, contaban con camas de hierro, suelos de madera pulida y una cuidada selección de antigüedades y artefactos rurales que aportaban una atmósfera hogareña y auténtica. Con solo ocho habitaciones, la atención era sumamente personalizada, creando una sensación de exclusividad y calidez que lo alejaba de los grandes complejos hoteleros.

Servicio y Gastronomía: Los Pilares del Confort

Más allá de las actividades ecuestres, Dos Lunas se destacaba por la excelencia en su servicio y su propuesta gastronómica. Los comentarios de los huéspedes mencionan repetidamente una "atención excelente" y un trato cercano y familiar por parte del personal, que hacía que los visitantes se sintieran como en casa. La gastronomía era otro de sus puntos fuertes, descrita como "deliciosa" y de "muy buena calidad", basada en cocina tradicional argentina. El formato solía ser de pensión completa, incluyendo desayuno, almuerzo, té de la tarde y cena, a menudo con un asado tradicional como parte de la experiencia. Este nivel de servicio integral lo colocaba en la categoría de los mejores hoteles de la región para quienes buscaban una desconexión total durante sus vacaciones en la naturaleza.

  • Atención Personalizada: El número reducido de habitaciones permitía un trato directo y cuidado hacia cada huésped.
  • Gastronomía de Calidad: Platos basados en la cocina argentina, con productos frescos y una elaboración cuidada.
  • Ambiente de Relajación: El silencio, interrumpido solo por los sonidos de la naturaleza, lo convertía en un refugio perfecto para el descanso.

Instalaciones y Comodidades

Además de las habitaciones decoradas con un estilo rústico y confortable, el lodge disponía de áreas comunes pensadas para el disfrute. Contaba con una piscina exterior, ideal para relajarse tras una jornada de cabalgata, y amplios jardines. En las zonas comunes se ofrecía conexión Wi-Fi, aunque el verdadero propósito del lugar era invitar a la desconexión. Para las familias, existían servicios como cuidado de niños y una sala de juegos, lo que lo hacía apto para distintos tipos de viajeros que compartían el amor por el campo y las actividades al aire libre.

Lo Malo: El Cierre Definitivo

El aspecto negativo más relevante y definitivo de Dos Lunas Horse Riding Lodge es, precisamente, su estado actual. A pesar de las excelentes calificaciones y la reputación que construyó, el negocio hotelero cesó sus operaciones. La confirmación de que la estancia en Córdoba fue vendida para convertirse en una casa particular es un dato crucial que todo potencial visitante debe conocer. Las plataformas de reservas y los directorios que aún lo listan como activo pueden generar confusión y falsas expectativas. Por tanto, el principal punto en contra no reside en una falla de su servicio o instalaciones pasadas, sino en su inexistencia como opción de alojamiento presente. La nostalgia por lo que fue es palpable en las reseñas, pero la realidad es que sus puertas están cerradas al turismo para siempre.

Dos Lunas Horse Riding Lodge representa un caso de un establecimiento que alcanzó la excelencia en su nicho, combinando una propuesta de turismo ecuestre de primer nivel con el encanto de una estancia histórica y un servicio impecable. Fue, sin duda, un referente entre los hoteles y alojamientos de la región de Ongamira. Aunque ya no es posible vivir la experiencia que ofrecía, su historia sirve como testimonio de un modelo de hospitalidad que priorizaba la autenticidad, la naturaleza y la atención al detalle.

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